Receptores CB1 y CB2
Los receptores CB1 y CB2 son las principales dianas moleculares
a través de las cuales el cannabis ejerce sus efectos en el organismo. Ambos son receptores
acoplados a proteína G (GPCR) con siete segmentos transmembrana, y forman parte del
sistema endocannabinoide, la red de señalización interna que el cuerpo
utiliza para regular el dolor, el estado de ánimo, la inflamación, el apetito y otras
funciones fundamentales (Pertwee et al., 2010; PMID 20201625).
Receptor CB1 — sistema nervioso central: el receptor CB1 es uno de los
receptores acoplados a proteína G más abundantes del cerebro. Se encuentra en alta
concentración en los ganglios basales, el hipocampo, el cerebelo, la corteza prefrontal
y la médula espinal. Esta distribución explica los efectos que produce la activación por
THC: modificación de la percepción del dolor, efectos sobre la memoria y la cognición,
coordinación motora, relajación muscular y estimulación del apetito. Los receptores CB1
también están presentes, en menor densidad, en tejidos periféricos como el intestino y
el tejido adiposo.
Receptor CB2 — sistema inmune y periférico: el receptor CB2 se expresa
principalmente en células del sistema inmune —linfocitos, macrófagos, células del bazo—
y en el sistema nervioso periférico. Su activación modula la respuesta inflamatoria y la
señalización inmune. A diferencia del CB1, la activación del CB2 no produce efectos
psicoactivos, lo que lo convierte en una diana de interés para el desarrollo de
tratamientos antiinflamatorios (Zou & Kumar, 2018; PMID 29540124).
Cómo actúan THC y CBD sobre estos receptores: el THC es un agonista
parcial del CB1 y el CB2; su afinidad por el CB1 es la principal responsable de sus
efectos psicoactivos y de gran parte de su actividad analgésica. El CBD, en cambio, no
actúa como agonista directo de ninguno de los dos receptores a concentraciones habituales;
modula el sistema endocannabinoide de forma indirecta —inhibiendo la degradación de los
endocannabinoides endógenos— y actúa sobre otros sistemas de receptores como el 5-HT1A
y el TRPV1. Esta diferencia fundamental explica por qué el CBD no produce euforia ni los
efectos psicoactivos típicos del THC.
Relevancia clínica: la distribución diferencial de CB1 y CB2 en el
organismo es la base para entender por qué distintas formulaciones de cannabis —con
distintas proporciones de THC y CBD— tienen perfiles de efecto diferentes según la
condición que se busca tratar. No existe un cannabinoide universalmente superior: la
selección depende de los receptores implicados en la condición específica del paciente y
de su tolerancia a los efectos psicoactivos del THC.
La planta y sus derivados no reemplazan la consulta profesional ni el tratamiento indicado por su médico. Antes de iniciar cualquier tratamiento con cannabis medicinal o cualquier cannabinoide, la recomendación siempre será consultar con un médico especializado o con conocimiento en la planta y sus derivados. En FUCANNAMEDCR podemos acompañarle en ese proceso.